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HISTORIAS
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| Un día que, aparentemente, no tenía diferencias
con cualquier otro. Federico se encerraba en su música después
de la oficina. Su especialidad era el diseño gráfico... no
se podía quejar... El trabajo, a pesar de la situación general,
funcionaba bastante bien. Pero su vida (al menos su propia vida) no se componía
sólo de la actividad profesional.
En realidad, pensaba con cierta amargura frente a su computadora, aquél era el aspecto menos relevante... un detalle de poca importancia. No tenía un buen día... Y para colmo de males era viernes... Todo un fin de semana por delante. Sin expectativas y sin compañía. Su espíritu melancólico lo encerraba en ese mundo íntimo en donde los recuerdos se volvían tempestades porque no cejaban, apretando permanentemente sin dar respiro. Los momentos libres eran los peores: cuando llegaba a su casa; cuando giraba la llave en la puerta; cuando entraba y nadie se acercaba a recibirlo; cuando la oscuridad de la noche incipiente se había adueñado de los rincones, demostrándole que, hasta su llegada, allí no había alguien que prendiera las luces. Sentado, frente a la computadora, con su música favorita, Federico hundido en los recuerdos. No siempre había estado solo. Tuvo un amor... en realidad más de uno... Convivió con una mujer por dos años y estuvo casado con otra por más de cinco; pero la decisión de Marcela de no querer tener hijos dio por tierra con la relación. Tenía treinta y tres y quería ser padre. Las discusiones se volvieron insoportables. Las discusiones y el matrimonio. Luego de la separación transcurrieron cuatro años de soledad... todo un siglo. Estaba escuchando un tema en inglés, un baladista hablaba de que
se había cruzado con una amante de otros tiempos, en la calle,
una noche... y que ella se veía feliz por haberlo reencontrado...
Era Paul Simon... con un poema acorde a la melancolía... y a las
pocas ganas
Me encontré con mi antigua amante en la calle
la otra noche. Todavía loco después de todos estos años. No soy de esa clase de hombres que tiende a ser sociable. Y parece que me sigo apoyando en modos tradicionales. Y no me vuelvo tonto por las canciones románticas Que susurran en mis oídos aún loco después de tantos años. Cuatro de la mañana. Fracasado. Bostezando. Deseando que la vida vaya pasando. Nunca me preocuparé ¿Por qué debería hacerlo? Todo terminará diluyéndose. Ahora me siento al lado de mi ventana y miro los autos. Me temo que haré algún daño un día de éstos; pero no voy a ser condenado por un jurado de mis pares, aún loco, aún loco después de todos estos años. Y aquella simple canción que llevaba, precisamente, la belleza de lo simple, le hizo recordar a Mariela. Hermosa... Era una mujer un poco más joven que él, lo cual era mucho decir cuando la conoció a los veinticuatro años. Ella apenas veinte... Fueron dos meses que jamás olvidaría. Por aquel entonces los sueños eran muchos y con buenas posibilidades. En una fiesta en la ciudad... Amigos de amigos lo llevaron a una casa llena de gente tan distinta... En un rincón, él con una copa de vino, observando por la ventana el amplio jardín de padres con mucho dinero que le dejaban la casa de fin de semana al hijo para que pudiera alardear tranquilo. Detestaba todo eso; pero las ventanas y los jardines siempre habían sido su debilidad. Y allí se había detenido, para refugiarse de la agresión que le significan la banalidad y los minutos desperdiciados. De repente en el cristal oscuro que reflejaba a medias lo que adentro sucedía, se transparentó el rostro de una mujer joven que había elegido su misma actividad. No se dio vuelta, porque esos ojos lo habían cautivado en su reflejo y no quiso perder el hechizo, temiendo que al girar descubriera que la imagen no tenía correlato con la realidad. Pero ella habló: -Las noches y los jardines, combinados, son fórmulas irresistibles. Él no tuvo más remedio que voltear. Y el hechizo, en lugar de romperse, se potenció. -Habría que agregarle una ventana dijo Federico-. Son las ventanas las que vuelven irresistibles cualquier combinación. Ella sonrió. Y él volvió a dirigir la vista hacia fuera. Era hermosa. La mano temblaba. La copa, casi ya sin vino, necesitaba un punto de apoyo; pero ella no le dio respiro. -Para vos, el hecho de que yo abra la ventana, ¿rompería tu fascinación? -No en este momento. Hay cosas que me fascinan aún más. -¿Cuáles? preguntó ella clavando los ojos en la imagen de sus ojos en el cristal. -Prefiero callar ciertas intimidades respondió, desviando la vista con la excusa de colocar la copa sobre alguna superficie estable. -Cobarde dijo ella. Solo frente a la computadora. Recordando el primer diálogo y los ojos, y las ventanas, noches y jardines... Combinaciones que nunca se volvieron a repetir, porque faltaba ella. Habían sido dos meses, casi tres, de verse todos los días, de aprovechar quince de vacaciones juntos en una playa perdida, a la que habían llegado gracias al esfuerzo económico de los dos, que para aquel entonces había sido un gran esfuerzo. ¿Cuánto más podrían haber disfrutado con el dinero y la madurez? Federico se estaba planteando, en medio de la melancolía, que si hubiera tenido la claridad suficiente de la adultez, jamás la habría dejado partir sola, como había llegado, sin grandes estridencias, sin pasiones arrolladoras... Sus dos meses fueron un remanso de paz en medio de la fogosidad propia de la adolescencia recién concluida. Y así como comenzaron, así todo terminó. Ninguno de los dos le dio demasiada importancia. Había otras urgencias y no pensaban, en aquel momento, en parejas estables. Pero a Federico la imagen de Mariela se le fue agrandando con el correr de los años, y el tiempo transcurrido agigantó aquellos ojos. Finalmente la fantasía había gritado por la concreción de una realidad. El deseo se había vuelto insoportable. Por una vez lo importante y lo urgente adquirieron el mismo valor. No
sabía dónde encontrarla, no sabía si alguien la acompañaba;
pero estaba convencido de que valía la pena intentarlo. Entró en Internet, en uno de los buscadores de personas con mayor caudal de visitas, y puso en los cuadros correspondientes el nombre y apellido de ella. Apretó el botón buscar, con el mouse. Y esperó, con un corazón acelerado La Historia de Pepe La razon por la que las meseras seguian a Pepe era por su actitud. El era un motivador natural. Si un empleado tenia un mal dia, Pepe estaba ahi para decirle al empleado como ver el lado positivo de la situacion. Ver este estilo realmente me causo curiosidad. Asi que un dia fui a buscar a PEPE y el pregunte: - No lo entiendo... no es posible ser una persona positiva todo el tiempo?Como lo haces?... Pepe respondio: - "Cada manana me despierto y me digo a mi mismo, Pepe, tienes dos opciones hoy: Puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor. Escojo estar de buen humor". "Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una victima o aprender de ello. Escojo aprender de ello". "Cada vez que alguien viene a mi para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo senalarle el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida". - Si, claro, pero no es tan facil, proteste. - "Si lo es", dijo Pepe. "Todo en la vida es acerca de elecciones, cuando quitas todo lo demas, cada situacion es una eleccion". "Tu eliges como reaccionas ante cada situacion, tu eliges como la gente afectara tu estadode animo, tu eliges estar de buen humor o de mal humor". "En resumen, TU ELIGES COMO VIVIR LA VIDA". Reflexione en lo que Pepe me dijo... Poco tiempo despues, deje la industria hotelera para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Pepe, cuando tenia que hacer una eleccion en la vida en vez de reaccionar contra ella. Varios anos mas tarde, me entere que Pepe hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio de restaurante; dejo la puerta de atras abierta y una manana fue asaltado por tres ladrones armados. Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano temblando por el nerviosismo, resbalo de la combinacion. Los asaltantes sintieron panico y le dispararon. Con mucha suerte, Pepe fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una Clinica. Despues de ocho horas de cirugia y semanas de terapia intensiva, Pepe fue dado de alta, aun con fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontre con Pepe seis meses despues del accidente y cuando le pregunte como estaba, me respondio: - "Si pudiera estar mejor, tendria un gemelo". Le pregunte que paso por su mente en el momento del asalto. Contesto: - Lo primero que vino a mi mente fue que debi haber cerrado con llave la puerta de atras. Cuando estaba tirado en el piso, recorde que tenia dos opciones: Podia elegir vivir o podia elegir morir. Elegi vivir". - ?No sentiste miedo? le pregunte. Pepe continuo: - "Los medicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirofano y vi las expresiones en las caras de los medicos y enfermeras, realmente me asuste. Podia leer en sus ojos: Es hombre muerto. Supe entonces que debia tomar una decision. - ?Que hiciste? pregunte. - "Bueno, uno de los medicos me pregunto si era alergico a algo y respirando profundo grite: - Si, a las balas - Mientras reian, les dije: estoy escogiendo vivir, operenme como si estuviera vivo, no muerto". Pepe vivio por la maestria de los medicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud. Aprendio que cada dia tenemos la eleccion de vivir plenamente; la ACTITUD, al final, lo es todo. |
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